Modelos de barro

¿A quién te quieres parecer de mayor?

Padres y profesionales de la educación son, muchas veces sin ser conscientes de ello, modelos de las futuras generaciones. ¡Qué gran responsabilidad!

De las once acepciones que presenta la RAE para la palabra “modelo”, me gustaría detenerme en dos de ellas: la segunda –“en las obras de ingenio o en las acciones morales, ejemplar, que por su perfección se debe seguir o imitar”- y la octava –“referido a la escultura; figura de barro, yeso o cera, que se ha de reproducir en madera, mármol o metal”-.

Perfección. ¿Existe la perfección como tal en el ser humano? La persona es un ser imperfecto por naturaleza, por lo que, con permiso de la RAE, eliminaré la primera parte de la octava acepción para referirla a la que debiera ser la definición de modelo para el ser humano: figura de barro; figura que se puede y se ve dañada por las condiciones externas del ambiente.

El barro es moldeable, así lo es también la persona. Con el tiempo, en el barro aparecen grietas, que, con buen tacto, agua y maña, pueden ser reparadas. La persona, en el transcurso de su vida sufre heridas, que deben ser sanadas. Para ello, es imprescindible detectarlas, exteriorizarlas y cuidarlas para que cicatricen bien. No hay que tener miedo a que durante este proceso la parte emocional esté presente, es imprescindible. Las lágrimas son para el alma lo que el agua oxigenada es a las heridas de la carne.

¿Cómo hacer este proceso? Cada camino es personal, pero todos tienen algo en común: el silencio. En la actualidad se pueden pasar largas temporadas sin experimentar la ausencia de ruido y esto lleva a la persona a actuar sin dirección. Cuando se hace un “parón” en la vida, cuando uno se detiene en medio de este mundanal ruido, el silencio ayuda a la persona a reflexionar sobre el para qué de su existir, y es en ese momento cuando se da cuenta de que su misión en esta vida no es la de tender a la perfección, sino al amor.

“La cuestión no es cómo llegar a tener éxito, sino saber ser feliz en la limitación o incluso en el fracaso. Aceptar de buen grado los propios límites, y tener la paz de un corazón que lucha por lo verdaderamente importante1”.

Es fundamental no querer reproducir en los hijos las pequeñas frustraciones que se hayan experimentado a lo largo de la propia vida. Recuerda que los hijos son un “préstamo” y no una posesión, por lo que siempre se debe velar por su crecimiento integral, orientado a la adquisición de la plena libertad y no a los propios intereses que a veces nos dominan. Dicho crecimiento se trabaja día a día, a través de la educación de los padres y el acompañamiento desde los centros escolares.

En una receta de cocina siempre hay uno o dos ingredientes claves que marcan la diferencia. En la educación de los hijos estos componentes fundamentales son: la exigencia y el cariño. Amar a los hijos o a los alumnos no es evitarles sufrimientos o darles todo hecho. Amar es acompañar, ayudar a crear, respetar los límites y corregir con cariño.

En los últimos años se ha optado por el uso del refuerzo positivo, utilizando la gratificación para la aprobación de una acción buena y se tiende a evitar el uso del castigo cuando los hijos o alumnos han hecho algo que no debieran. ¿Es correcto reforzar solo las acciones buenas y hacer como si no hubiera pasado nada cuando ha habido una mala conducta?

“La corrección es un estímulo cuando también se valoran y se reconocen los esfuerzos y cuando el hijo descubre que sus padres mantienen viva una paciente confianza. Un niño corregido con amor se siente tenido en cuenta, percibe que es alguien, advierte que sus padres reconocen sus posibilidades. Esto no requiere que los padres sean inmaculados, sino que sepan reconocer con humildad sus límites y muestren sus propios esfuerzos para ser mejores2”.

El refuerzo positivo y el castigo son dos medidas que deben ir de la mano con el fin de evitar tanto futuras generaciones “maleables” como generaciones “frustradas” como consecuencia de ver sólo blanco o negro en lugar de la maravillosa escala de grises que se encuentra en el actuar del ser humano.

La vida es un camino, se progresa al caminar y siempre hay tiempo para enmendar los errores. La palabra imposible debe ser borrada de nuestro vocabulario. Justificar las acciones por nuestra forma de ser es “cortar las alas” a nuestra capacidad de crecimiento.

¿Perfección? No, gracias. Opta por el amor.

María Sureda de Lucio
Profesora de primaria
Colegio Alborada

1Espa, F. (2017) Cuenta conmigo. Madrid: Palabra.

2S.S. Francisco (2016) La alegría del amor. Madrid: San Pablo.

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