Educar la virtud de la fortaleza desde la infancia: un reto en la educación del siglo XXI

Hoy en día supone un reto mayor la educación de la virtud de la fortaleza en los colegios pues, para el correcto crecimiento y desarrollo del niño es necesario que escuela y familia vayan de la mano.

¿En qué consiste la virtud de la fortaleza?

Las personas somos vulnerables desde el mismo momento de la concepción. Esta condición trae consigo que somos susceptibles de recibir heridas, lo cual no implica que no seamos capaces de resistir a las mismas y anteponernos a ellas. Es precisamente esta vulnerabilidad la que nos permite desarrollar la virtud de la fortaleza.

Esta virtud se trabaja en medio de la dificultad. Una persona fuerte es aquella que además de aceptar y hacer frente al dolor, se esfuerza por conseguir un bien difícil sobreponiéndose a las dificultades que surgen en el proceso y perseverando a pesar de las mismas.

Así, en la medida en que vamos renunciando a pequeñas cosas que nos apetecen pero no suponen esfuerzo y apostando por aquellas otras que tienen un valor mayor, vamos creciendo en autodominio, en autocontrol, en perseverancia y en alegría, virtudes directamente relacionadas con la fortaleza.

Problemática actual

Trigo (2002) considera fundamental la educación en esta virtud si se busca un crecimiento ordenado y sano en todas las dimensiones, pues expone que en la madurez de una persona juegan un papel fundamental las cuatro virtudes cardinales entre las que se encuentra la fortaleza y afirma que nada hace madurar tanto como el dolor o la dificultad.

En una sociedad consumista donde se actúa en base al “me apetece” en lugar de al “quiero, aunque me cueste” o “debo, aunque me cueste”, se pone en juego dicho autodominio en tanto en cuanto las personas se dejan dominar por lo externo. De esta manera, al no actuar la voluntad, se produce un debilitamiento de la misma, incrementado por la necesidad de inmediatez a la hora de querer alcanzar cualquier objetivo.

Esta situación, unida al hecho de que en las familias de hoy en día predomina un estilo educativo sobreprotector, caracterizado por querer evitar cualquier tipo de esfuerzo y sufrimiento en los hijos, supone una repercusión negativa en el desarrollo de la virtud de la fortaleza en los niños.

Teniendo en cuenta las características de la sociedad del S.XXI, hoy en día supone un reto mayor la educación de la virtud de la fortaleza en los colegios, pues el primer ámbito educativo es la familia, célula básica de la sociedad, y para el correcto crecimiento y desarrollo del niño es necesario que escuela y familia vayan de la mano.

¿Se puede empezar a trabajar desde el nacimiento?

Sabemos que el periodo sensible para desarrollar esta virtud es de 6-12 años. Sin embargo, se considera fundamental empezar a ponerla en práctica desde los primeros años de la vida por varios motivos.

En primer lugar, porque cuanto más pequeño es el niño y menos recursos tiene, más vulnerable es y por tanto más necesita el ejercicio de esta virtud para sobreponerse a la dificultad. Y finalmente, porque la virtud de la fortaleza constituye la base del resto de virtudes, pues sin esfuerzo no es posible adquirir ninguna otra virtud.

¿Cómo podemos trabajarla desde Educación Infantil?

En Educación Infantil se pueden establecer los pilares trabajando cualquiera de las virtudes expuestas con anterioridad:

Desde el orden. Una persona fuerte ha de ser capaz de tener un horario y cumplirlo, planificar todo aquello que debe hacer y priorizar lo importante y no lo urgente. Cuando uno establece un orden en sus prioridades no se deja llevar por el “me apetece” sino por el “debo” y así va construyendo una personalidad sólida y fuerte. El periodo sensitivo para trabajar el orden es de 3-6 años, por tanto, enseñando a los niños a dejar cada cosa en su sitio pondremos las bases para que el día de mañana tengan orden en sus prioridades y luchen por lo verdaderamente importante.

Desde el autodominio: esta virtud nos permite aprender a decir que no a todo aquello que pueda suponer un obstáculo en la consecución de nuestro objetivo, así como a aprovechar el tiempo siendo dueños de nosotros mismos y a no tomar la decisión de abandonar en momentos de cansancio. Se puede ayudar al niño resistir y gestionar impulsos que se dan en el momento presente, siendo capaz, así, de retrasar la recompensa. Por ejemplo, si quiere un helado antes de cenar, podemos ayudarle a saber esperar y a entender que primero debe cenar y luego tomarse el helado.

Desde la paciencia y la tolerancia a la frustración. Santo Tomás relacionó la virtud de la fortaleza con la paciencia explicando que esta virtud permite aceptar la realidad de una situación difícil, lo que ayuda a la persona a continuar esforzándose y esperando sin dejarse llevar por el desánimo o la tristeza. Por ejemplo, no comprar sin motivo un juguete que el niño quiera en ese momento y esperar a su cumpleaños o a los Reyes Magos.

Desde la perseverancia. Esta virtud implica ser constantes en nuestro esfuerzo para conseguir un objetivo. Por ejemplo, animando al niño a que intente atarse los cordones tantas veces como sea necesario.

Desde la generosidad. El niño de esta edad se caracteriza por ser egocéntrico y el hacer frente a una situación difícil en la que tenga que buscar el bien del otro puede ayudarle a crecer en fortaleza. Por ejemplo, ceder y darle la última galleta a su hermano.

Inevitablemente trabajando esta virtud fomentaremos el crecimiento en otras virtudes como la alegría, pues la persona que lucha por algo bueno siempre está contenta. Dicha satisfacción se deriva de saber que está esforzándose por conseguir algo que realmente merece la pena.

En definitiva, ayudando a los niños desde que son pequeños a establecer las bases para desarrollar esta virtud conseguiremos que su voluntad se vea fortalecida en los años posteriores, repercutiendo de manera positiva en su crecimiento y desarrollo como persona y, por tanto, en su felicidad. En palabras de Séneca “per aspera ad astra”.

Mónica Ríos de Juan

Maestra de educación primaria en el colegio San Juan Evangelista y enfermera.

Foto: Gaby Orcutt / Unsplash

 

“EDUCACION EN LOS VALORES Y SU RELACION CON LA EDUCACIÓN PATRIMONIAL”

UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES

PRIMERA PARTE

El Patrimonio tiene una serie de dimensiones, las cuales según el enfoque que le demos priorizaremos unos valores sobre otros. Según miremos el objeto y nos relacionemos con él, extraeremos diferentes contenidos. Según queramos utilizar un concepto u otro de patrimonio, utilizaremos uno u otro modelo educativo patrimonial.

Tomemos el patrimonio como un árbol, el que se hallan las raíces, el tronco, brazos, ramas, hojas, flores y frutos; y ello porque una explicación abreviada sobre un buen ejemplo suele ser más provechosa.

El patrimonio cultural es un árbol en su conjunto, es el objeto que vemos. Tiene un valor estético, formal, económico o material.

Si nos detenemos a mirarlo de forma más minuciosa, vemos que se compone de más elementos.

Las raíces serían el contexto histórico, social, es su esencia, no se ve a primera vista, está oculta, necesitamos que nos expliquen el porqué, es la base de un proyecto (hay un espacio, temporal, histórico, de pensamiento, que invitó a su realización, es la esencia que sujeta el resto del objeto, sin ello no sabemos porque unas personas se tomaron la molestia de construir el objeto, sea una edificación, de pintar un cuadro, de forjar una escultura. Hay que interpretarlo. Es el saber conceptual.

El tronco, es el soporte, la base que sostiene el resto de elementos que lo conformen y forman parte de él. Podríamos decir que es su enfoque simbólico. Sabemos que es un manzano, un roble, o un castaño. Sabemos al conocer el tipo de árbol, que imbricaciones va a tener, sabemos que vamos a encontrar un determinado tipo de hoja, un determinado fruto. Sería como que al ver una Catedral sabemos que es un edificio religioso, y además si sabemos que es gótica, sabremos el tipo de estructura arquitectónica nos vamos a encontrar. Es el saber procedimental.

Los brazos del árbol, sus ramas, son las preservadoras del fruto, de las hojas, son las que sujetan y preservan la belleza del color, el fruto que nos alimenta, es un saber actitudinal, sobre ellos realizamos los comportamientos de preservación y cuidado, realizamos la poda, clareamos, protegemos de insectos dañinos. Además, tendemos a usar productos no agresivos en su conservación, buscamos su protección biológica, que preserve su esencia natural. No sirve cualquier forma de protección, debemos respetar su identidad. De igual modo con el patrimonio, se debe conservar, preservar, para que nos de buenos frutos y siempre sea bello.

Las hojas y frutos son las vivencias de nuestro árbol, generan el vínculo con nosotros y forman parte de nuestra identidad. Son los valores, el árbol añade un valor, ya sea económico por el valor de su fruto o de su madera, ya sea instrumental pues sirve para dar sombra, ya sea histórico pues se trata de un árbol centenario, ya sea simbólico, pues es el árbol un ser que arraiga en nuestra tierra, es espiritual e identitario, sirva de ejemplo el árbol sagrado de los celtas, el roble (árbol de Guernica vasco), el Drago (árbol canario).

Tiene un valor estético pues nos ofrece sus colores en las diferentes épocas del año. Tiene un valor emotivo, si paseamos junto a él, o lo vemos todas las mañanas al despertar. Pues con el patrimonio cultural ocurre de igual modo, tiene valores instrumentales, económicos, formales, históricos….

Pero ¿dónde reside y conducen todos estos valores?, a la sensibilidad, a establecer un vínculo personal con el ser (caso del árbol) o con el objeto (caso de un bien material patrimonial). Es necesario tener sentimientos respecto al bien que tenemos delante.

Para poder acceder a este patrimonio cultural, entenderlo y respetarlo, se hace necesario tener valores, valores en su concepción más amplia, es necesario educar en valores que nos lleve a que cuando trabajemos el contenido patrimonial seamos capaces de vehiculares emociones, ideas, creencias, identidades, respeto.

¿Cómo alcanzar estos valores?, creo que es necesario trabajar el amor.

El amor como grandeza de corazón, fomentando los altos pensamientos, con el conocimiento de las grandezas divinas y de las humanas.

 

Parece que se identifica el patrimonio con lo antiguo, y lo antiguo con lo inservible, y las nuevas generaciones pueden caer si no tienen conocimiento, en su destrucción por falta supuesta de valor, por ignorancia. En un mundo mercantilizado, donde todo tiene un precio, el patrimonio no escapa a ello, y parece que sólo se debe proteger lo catalogado, lo que se guarda en museos, y es así porque tiene mucho valor. Pero, ¿dónde reside realmente la necesidad de conservar? Las personas conservamos porque damos valor a lo que guardamos, y ese valor tristemente sigue siendo en primer lugar el económico (mal llamado valor pues carece de valor en sí mismo, salvo el que el hombre artificialmente le ha querido dar) realmente existen otros valores, antes mentados, (sentimentales, religiosos, identitarios, la belleza) para llegar a entender estos otros valores, es necesario educar en la sensibilidad, en el respeto, es decir, en valores en toda su pluralidad y diversidad, y esos valores previamente trabajados los podremos canalizar hacia objetos ya sean materiales e inmateriales.

Caemos en las falsas apariencias, en lo lejano, solemos no valorar lo próximo, idealizamos lo desconocido, ¿Cuántas veces pasamos por delante de edificios de nuestra ciudad, que ni conocemos, que despreciamos porque los vemos todos los días? Los tenemos vistos, pero ¿vemos o miramos? ¿nos paramos a preguntarnos por ellos? ¿sabemos sus raíces, su tronco, sus hojas?, simplemente pasamos de largo. Si no somos capaces de ver lo más cercano, de sentirnos emocionados por el prójimo más próximo, ¿podemos entender y emocionarnos con lo lejano?, Es necesario tener una educación en valores, que nos permita sentir como propio la muralla china, y de igual forma sentir la universidad Cisneriana. Para respetar el patrimonio hay que crear un vínculo con él, independientemente del bien que podamos tener delante, debemos ser capaces de cultivar y extender nuestras emociones.

Al tener sensibilidad tendremos admiración y esta nos llevará a su respeto y a su protección. Además, tomar como algo nuestro el patrimonio de cualquier lugar del mundo, al haber conseguido generar ese vínculo del alma, (amor) y el objeto, nos llevará también a crecer en el amor a nuestro semejante, a la persona, y podremos compartir sus deseos, anhelos, alegrías, preocupaciones, sufrimiento. La diversidad se convierte en identidad compartida.

Gema Cerezo Garrido

Profesora de Historia y Geografía

Colegio Alborada

Fotos @FJBerguizas

El paso de Infantil a Primaria

Una vez escuché que uno de los momentos “más traumáticos” para el cerebro es cuando aprendemos a leer, porque la lectura es un constructo abstracto y arbitrario, producto de la cultura y que el cerebro no está diseñado para ello, sino que tiene que ajustar ciertas estructuras que tiene para poder afrontar esa nueva habilidad.

Ese hecho es el principal que sucede en ese momento que nos atañe, el paso de la etapa escolar Infantil a Primaria. Pero son muchos los cambios madurativos y evolutivos que en esta etapa aparecen: el juego simbólico va pasando a ser reglado, el pensamiento mágico comienza a desaparecer y se va haciendo poco a poco cada vez más real, para en algún momento llegar a ser abstracto, va desarrollándose la autonomía personal y social.

 Es una gran ocasión para potenciar los encargos y responsabilidades y ver esta etapa como otra nueva oportunidad y continuación de la anterior.

Mucha veces pueden aparecer miedos o agobios sobre aspectos concretos del desarrollo del niño, hitos que no se alcanzan o rasgos que se observan como posibles alertas. En la mayoría de los casos la evolución suele ser positiva, por eso son muy importantes las revisiones periódicas tanto con el servicio de pediatría como en las tutorías en el centro escolar, para contrastar la información, lo que se observa en casa y lo que se ve en el colegio y de esta manera poder coordinar de la manera más eficaz los esfuerzos de ambas partes.

Para alegría de los padres, los profesores de la nueva etapa, los encargados del ciclo inferior suelen tener un “toque especial”. Son los maestros que más veces van a ser confundidos con papá o mamá cuando los alumnos les quieren llamar profe, y esto ocurre por el cariño que se profesa. Los primeros cursos en este sentido son más duros en cuanto a trabajar su capacidad de autonomía en el aula, tanto en la organización de los materiales físicos, mochila, libros, su mesa… que en infantil eran más limitados, como a nivel de trabajo individual. Se les irá exigiendo cada vez una mayor capacidad en la gestión de su labor.

Por todo ello, entendemos las dudas que pueden surgir en ese tránsito, pero somos conscientes de las mismas y confiamos y creemos en el trabajo, la comunicación y la coordinación entre la familia y el colegio para conseguir que cada profesor pueda llegar de la mejor manera a cada alumno, que cada estudiante pueda continuar avanzando según su situación de desarrollo personal y que cada familia pueda sentirse partícipe del proceso.

Juan Antonio Sánchez

Orientador

Colegio Alborada

 

MENTORING

Entrevistas

Tutorías

 

La formación del espíritu crítico en la era de internet

 

Todos sabemos que nunca antes habíamos tenido acceso a un caudal informativo tan ingente como el que hoy se nos ofrece (o se nos impone). Y todos sabemos que esto puede provocar la llamada infoxicación o sobrecarga informativa, que se produce cuando recibimos más datos de los que podemos procesar. Por no mencionar que buena parte de la información que nos llega es falsa, inexacta o engañosa. Esta situación inédita comporta serios desafíos en el ámbito educativo. Una de las tareas fundamentales del maestro es hoy la de enseñar a sus alumnos a orientarse en el laberinto, a buscar, filtrar, seleccionar, verificar y procesar la información. Es decir, que la construcción del espíritu crítico es hoy más importante que nunca. Pero ¿en qué consiste o ha de consistir exactamente esa construcción? ¿Cómo emprenderla con garantías de éxito? ¿Qué es, en última instancia, el espíritu crítico?

En primer lugar, conviene que nuestros estudiantes sean conscientes del problema. Para eso, nada mejor que hacerles ver que alguien intenta engañarlos. Naturalmente, saben que hay vacilones y vendehúmos en TikTok o en YouTube, pero cuando se trata de informaciones académicas o «serias», tienden  a ser más incautos. Hay un ejemplo que puede resultarnos útil, porque es llamativo y suele causarles impresión. Circula por internet una fotografía «histórica» en la que un joven Joseph Ratzinger aparece con el brazo derecho en alto, extendido. Parece estar haciendo el saludo nazi. Pero resulta que la imagen está recortada: el futuro Benedicto XVI tiene los dos brazos levantados y extendidos, durante una celebración litúrgica. Uno puede ver la alarma y la indignación en las caras de los estudiantes cuando se les muestra la fotografía completa después de la manipulada: «Si no me ando con ojo», parecen pensar, «me la van a colar así de fácil».  Las estrategias o procedimientos que suelen mencionarse para la construcción del espíritu crítico son bastante elementales e intuitivos: aprender a buscar, no fijarse solo en los primeros resultados, acudir a varias fuentes y asegurarse de que son autorizadas y adecuadas, ser capaz de contrastar y sintetizar cabalmente la información, etc. Cabría añadir que los profesores debemos predicar con el ejemplo: la información que ofrezcamos a nuestros alumnos ha de ser rigurosa y exacta, debería notársenos el amor por la verdad.

Pero hay otras medidas y estrategias de las que se habla menos. Si la formación del espíritu crítico tiene especial importancia en la era de internet, un paso muy saludable es despertar el espíritu crítico para con internet. Suele decirse, por ejemplo, que «todo está en internet». Uno de mis hijos, con cuatro o cinco años, me preguntó cómo había muerto san José. «No lo sabemos», le dije. «Pues búscalo en internet», respondió. La anécdota tiene su gracia, pero también, creo, su enseñanza. La inmensidad del universo digital puede dar a nuestros alumnos la falsa idea de que ya está todo dicho o hecho. Puede volverlos pasivos. Por eso creo que no está de más recordar obviedades como que los descubrimientos del mañana no están en internet. Ellos, nuestros estudiantes, tendrán que hacerlos, activa y creativamente, a partir de los saberes de hoy.

            «Todos esos saberes de hoy sí que están en internet», se dirá. Pero tampoco es cierto. Un ejemplo sencillo es el de los textos clásicos. Cuando damos a nuestros estudiantes la trágica noticia de que tienen que leerse el Lazarillo, no será raro que aquellos que se resignen a tan infausto destino acudan a la primera biblioteca digital que encuentren. Como profesor de Lengua y Literatura, creo que mi labor es prevenirles contra esa idea. Efectivamente, el Lazarillo está en internet, pero en versiones sin notas, descuidadas o desactualizadas (a no ser, claro, que recurramos a la piratería). Si se trata de la Odisea, encontraremos por lo común traducciones que hayan pasado a dominio público, antiguas y de difícil comprensión. Así que lo más sensato será decir a nuestros chavales que no, no todo está en internet, y recomendarles una buena edición reciente.

Internet puede hacer que los profesores caigamos en uno de los mayores males de nuestro tiempo: el adanismo.

 Puede llevarnos a pensar que hemos hecho tabula rasa, que estamos ante un nuevo paradigma que cambia por completo las cosas. Uno se pone nervioso y empieza a desterrar saberes y estrategias que hasta ayer funcionaban perfectamente en pos del último grito en pedagogía ultramoderna. Claro que las cosas han cambiado, y claro que hay que adaptarse y buscar nuevos caminos y mejores modos de contribuir a la formación de nuestros chavales. Pero creo que es un servicio impagable a la formación de su espíritu crítico hacerles ver que el éxito de cualquier empresa humana sigue radicando, con internet o sin él, en la creatividad, en la inteligencia, en la disciplina. Si nos dejamos deslumbrar o enloquecer por la nueva herramienta, por muy poderosa que sea, no tardará en volverse inútil (o perjudicial).

            Otro asunto del que tampoco se habla demasiado es el silencio. Para evitar la sobrecarga informativa, hay que cortar su flujo. No se trata de que los chavales escuchen al profesor disertar sobre la Edad Media y por la tarde echen mano de un videojuego ambientado en la Edad Media, cenando vean un vídeo sobre la Edad Media y se duerman escuchando un podcast entretenidísimo sobre la Edad Media. Se trata de que se olviden de la Edad Media para que sus conocimientos sobre ella se decanten y afirmen. Falta pausa, falta paciencia, falta reflexión silenciosa. Y no solo para no acabar enloquecidos: se aprende más y mejor con ellas. La velocidad a la que nos llegan las informaciones hace que estas se acumulen sin orden ni concierto, como en un trastero, y eso acaba por convertirlas en un amasijo informe e inútil.

El espíritu crítico suele relacionarse con la capacidad de dudar, de poner algo entre paréntesis para someterlo a juicio. Pero esta asociación, correcta en principio, puede derivar en actitudes completamente acríticas.

 Escuché a un famoso profesor y conferenciante decir que su labor era, en un colegio cristiano, hacer dudar de la existencia de Dios; y, en un colegio laico, hacer dudar de su inexistencia. Otra profesora me comentó que su espíritu crítico la había acercado al terraplanismo. Pero dudar sistemáticamente de todo es tan acrítico como creer sistemáticamente en todo. La palabra «crítico» procede del verbo griego krinein, que significa «separar», «decidir». Quien duda de todo no separa, no toma ninguna decisión. La duda no es el final del camino, sino un medio para alcanzar la certeza. Y las certezas son esenciales para el desarrollo de la personalidad. Nuestra vida necesita un fundamento sólido, una roca firme que la sustente. Por tanto, haremos muy bien en encaminar a nuestros estudiantes hacia la verdad, evitando que vaguen sin rumbo en el cuestionamiento sistemático.

Por último, me pregunto si no existe hoy una infoxicación filosófica, por llamarla de algún modo; si nuestras sociedades cada día más heterogéneas no nos estarán volviendo, a nosotros y a nuestros estudiantes, indiferentes o relativistas en lo que respecta a las cuestiones morales o trascendentes. Si aspiramos a la formación integral cristiana de nuestros alumnos, no podemos descuidar este aspecto. Si los profesores somos capaces de defender con rigor y con solvencia nuestra visión de las cosas, y, sobre todo, si somos capaces de dar testimonio de ella con nuestra propia vida, estaremos contribuyendo enormemente a la formación del espíritu crítico más importante de todos.

Eduardo Pérez Díaz

Profesor de Lengua y Literatura

Colegio Alborada

 

AUTONOMIA

Sentido crítico

Libertad

 

ALUMNOS DE ALBORADA VALIOSO PATRIMONIO PARA ALCALÁ DE HENARES Y SU ENTORNO

 

Constelación Tb. constelación, p. us. Del lat. constellatio, -ōnis

  1. f. Conjunto de estrellas que, mediante trazos imaginarios, forman un dibujo que evoca una figura determinada.
  2. f. Conjunto, reunión armoniosa.
  3. f. desus. Clima o temple.

Diccionario de la Real Academia de la lengua española

Observar el firmamento es mucho más que una bonita escena de película, al contemplarlo descubrimos que, desde el cielo los astros sirven de guía a los caminantes, son brújula natural que ayuda a orientarse en la oscuridad.

Es mucho lo que aportamos a Alcalá de Henares todos los que formamos parte de Alborada: familias, alumnos, profesores y alumni. Es también mucho lo que la ciudad de las tres culturas aporta a nuestra comunidad educativa. Los alumnos de Alborada son una constelación que da luz a Alcalá, a Madrid, a España, a Europa ¡al mundo entero! Mujeres y hombres que donde están irradian educación, interés, ciencia, preocupación por el medioambiente y servicio a la humanidad. Se caracterizan por su alegría contagiosa, su capacidad de superación y de hacer frente a la adversidad allá donde estén: Japón, Reino Unido, cualquier latitud.

Si el Príncipe de los ingenios viviera hoy, sus obras contarían entre sus personajes con quienes han pasado por las aulas de Alborada: jóvenes con sentido común, amantes de la cultura y las artes, luchadores de la vida dispuestos a enfrentarse a todo por aquello en lo que creen.

Para la ciudad complutense, Alborada no solo es un foco de educación y cultura, un centro que da trabajo a numerosas personas y devuelve a la sociedad lo que podríamos llamar “jóvenes 360 grados” formados en todas sus dimensiones, sino que también es un gran espacio de convivencia donde la comprensión y el servicio al otro hacen entender que el mundo no gira entorno a uno mismo.

Los chicos y chicas de la constelación Alborada son quijotes y sanchos de su tiempo, un destello de energía y juventud que ilumina la tierra con otras constelaciones de los colegios de la Red Arenales y de tantas otras instituciones educativas que preparan a niños y jóvenes como auténtico patrimonio inmaterial de la humanidad.

Los alumnos del colegio Alborada, también los procedentes de China y aquellos nacidos en distintos países del mundo y que residen en el corredor del Henares temporal o indefinidamente, son valioso patrimonio presente y futuro para Alcalá de Henares y su entorno. Alicia Zaparaín

 Dibujo: Manuel Lázaro 

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Solidaridad

Diversidad de personas

 

Cuando fui a África

 

Hace algunos años, mientras estaba en el colegio me llegó un aviso. Decía que había alguien que quería verme. En cuanto tuve un hueco bajé a secretaría y allí encontré a un conocido al que ahora tengo la suerte de poder llamar amigo. Me traía una propuesta, una propuesta bien sencilla: ¿quieres dedicar este verano a los demás? Tendrás que pagarte un billete, el alojamiento de estas semanas y, a ser posible, aprende algo de francés.

El tipo se llamaba Enrique y la idea era pasar un mes de verano en el Congo, en el hospital materno-infantil Monkole. ¿Haciendo qué?, me diréis. Pues lo que fuese para poder ayudar. Porque si hay algo que aprendes en un sitio como Monkole es que toda ayuda es poca y cualquier gesto aporta algo.

Sin embargo, esto no es un texto para contar mis historias. Lo que quiero es hablar de cómo todo lo que se hace en Monkole, la forma de afrontar la vida de la gente que allí conocí, el contraste entre su estilo de vida y el nuestro, su generosidad y alegría de vivir son aprendizajes que no solo nos llevamos los que tuvimos la suerte de vivir esa experiencia, sino que es algo que también se comparte con los alumnos del colegio.

Como bien sabemos, Alborada es un colegio en el que se busca facilitar la formación integral de la persona. No se busca solo enseñar unos contenidos, sino que el aprendizaje busca ser también aprendizaje para la vida. Y entre otras cosas se busca dar al alumnado una visión de los problemas del mundo actual y se les anima a aportar soluciones concretas a tales problemas, dentro, siempre, de sus posibilidades.

Así, durante este tiempo de Navidad, y por medio del sistema de casas del colegio, los alumnos aprenden a salir un poco de sí mismos para ayudar dentro de sus posibilidades (muchas o pocas), a niños que, siendo como ellos, ahora mismo pasan necesidad, pues, donde a otros les falta, puede que a nosotros nos sobre. Por ello durante estas semanas procuraremos hablarles más de cómo el colegio ayuda cada año a la labor en Monkole y les animaremos a aportar su granito de arena.

En Alborada creemos que esta es una parte fundamental de nuestra propuesta educativa. Queremos que la formación en valores de nuestro colegio tenga frutos concretos que permitan a cada alumno y alumna del centro preocuparse por los problemas de la sociedad actual y ponerse en el lugar.

Por todo esto, si durante estos días veis que vuestros hijos e hijas tienen un gesto espontáneo de generosidad (querer aportar su tiempo para alguna actividad, presentarse voluntario o echar mano de su hucha para comprar un calendario), os animo a que los impulséis a seguir por ese camino y tal vez a sentaros un momento para que os puedan explicar el qué y por qué de estas acciones. Y es que si hay algo que me enseñó mi viaje es que siempre podemos aprender de los demás a ser mejores cada día.

Pablo Rincón García
Tutor 4º ESO D

Departamento de Lengua

Colegio Alborada

 

MENTORING

Solidaridad Diversidad de personas Cultura del cuidado                 

Felicidad

“No busquéis ser padres con apellido, centraros en ser PADRES” es, quizá, la frase que más me marcó de la homilía de nuestra boda. Hace unos meses me estrenaba como madre. María ha llegado a nuestra familia en el primer año de matrimonio, siendo una niña muy deseada y querida.

Con María, ha llegado también el momento de vivir en primera persona todos los consejos que he dado a las familias que he tenido el privilegio de acompañar durante estos años.

Muchos son los instantes que guardaré en mi memoria. Si tuviera que quedarme con un momento del día de estos últimos meses, creo que te diría “cuando tengo a María en brazos mientras le doy de comer”. Es nuestro momento de complicidad, es el momento de mirarnos cara a cara y tener conversaciones silenciosas desde lo más profundo del alma, en las que constantemente me sale desearle que sea feliz, muy feliz.

Como padres, ¿cómo podemos ayudarle en este camino?
“A veces, cuando se trata del futuro de los hijos, nos centramos fundamentalmente en las notas que deben sacar y en la carrera que deben estudiar. Es decir, podemos pensar en lo que harán, en vez de en lo que serán. Se reflexiona poco sobre los valores, sobre las posibilidades con las que podemos dotarles de autodominio, fuerza de voluntad y confianza en sí mismos.”

Después de leer y reflexionar sobre cómo puedo ayudar a mi hija a que sea feliz, he sacado dos propósitos que intentaré llevar a cabo a lo largo de los próximos años, el primero, quererla mucho y hacérselo saber cada día y el segundo, trabajar con ella la voluntad y la empatía.

Enrique Rojas afirma que “la voluntad es la joya de la corona de la conducta. El que la tiene puede conseguir que sus sueños se hagan realidad si sabe ser constante. Cuando esta ha sido trabajada a fondo, trae consigo otra serie de manifestaciones: buena tolerancia a las frustraciones, fuerza suficiente para crecerse ante las adversidades, ser buen perdedor, saber lo importante que es volver a empezar, optimismo que no se dobla ante los problemas y, por supuesto, una alegría de fondo que penetra en toda la persona.”

Por otra parte, distintos autores que he tenido la oportunidad de leer durante estos días afirman que “tu hijo será más feliz en la medida en que aprenda a hacer la vida amable a los demás: escuchándolos con empatía, sonriendo, aunque tenga problemas, tomando una actitud solidaria con ellos.” O como dice Marian Rojas, “gran parte de la calidad de nuestra vida depende de cómo nos relacionamos, de cómo somos capaces de querer y de recibir el afecto de otros”.

Voluntad y empatía, y de aquí todo lo demás, con calma, porque como leí: “podemos pensar que son muchos los valores que interesa educar. Es cierto, pero hay un principio de armonía entre todos: cuando mejora alguno, se perfeccionan al mismo tiempo los demás.”

A los dos propósitos que he comentado, añado el más importante para nosotros, saber transmitirle la fe y darle a conocer a Dios. Ese Dios que le va a querer incondicionalmente, que se alegrará con ella de cada progreso y que le ayudará a levantarse después de cada tropiezo. Ese Dios al que nosotros, como padres, le rezamos para que, María pueda sentirle, tratarle y quererle todos los días. Ese Dios que nos ha regalado la oportunidad de tener a María en nuestra familia, de educarle y de ayudarle a que lleve su vocación a cabo que, sin ninguna duda, será lo que realmente le haga feliz.

María Sureda de Lucio
Profesora de Educación Primaria
Colegio Alborada

Corominas, F y Alcázar JA (2020). Virtudes humanas, Palabra
Rojas, E (2020). Todo lo que tienes que saber sobre la vida, Espasa
Catret, A (2018). Emocionalmente inteligentes, Palabra

Rojas, M (2021). Encuentra tu persona vitamina, Espasa
Corominas, F y Alcázar JA (2020). Virtudes humanas, Palabra

Alborada debe ser fiel a sus principios

Empezamos un nuevo curso en Alborada y lo hacemos con una ilusión enorme, una ilusión que es seña de identidad de los que nos dedicamos al mundo de la educación, puesto que cada nuevo curso es un nuevo comenzar con proyectos e ideas renovadas.

Después de más de una decena años de existencia, de ver como la red educativa a la que pertenecemos ha crecido impresionantemente, extendiéndose por varios continentes, Alborada debe ser fiel a los principios que constituyeron su ADN inicial, y al mismo tiempo, estar a la vanguardia de las innovaciones educativas que en diez años han dibujado un escenario muy distinto del que nos encontramos cuando se puso la primera piedra.
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NOWADAYS ENGLISH IS NOT ONLY A PLUS BUT IN SOME AREAS A MUST.

Mi nombre es Conor Thomas Traynor y soy nativo de Irlanda. He llegado a España en octubre de 2016 para dedicarme a mis estudios de Máster Oficial en la Universidad de Alcalá (Enseñanza del Inglés como Lengua Extranjera). Después me embarqué en la aventura que conlleva estudiar el Máster de Formación de profesorado en la UAH y me especialicé en el inglés en el año 2017.
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El estuche que guarda la joya

Hablar de estuches en casa y en la escuela es de lo más normal. Estuches con lo necesario para que los alumnos trabajen: lapiceros y bolígrafos, pinturas, rotuladores, gomas de borrar y sacapuntas. Los niños guardan sus materiales en ellos para no perderlos, tenerlos listos al día siguiente y seguir aprendiendo. Para protegerlos, guardamos en cofres los tesoros, en cajas fuertes los objetos de valor, en archivos de seguridad los datos sensibles y en estuches las joyas de diamantes. Continuar leyendo «El estuche que guarda la joya»