Sobre Ruedas

No sé si será por las horas que he pasado en la carretera estos últimos años yendo y volviendo del colegio o por escuchar hablar de ello a mis amigos, de lo que estoy segura es que no viene de mi pasión por los coches.

El caso es que el otro día me levanté y sí, había soñado con ellos. No recuerdo muy bien el sueño, pero en él, había vuelto a la niñez y estaba con mis hermanos en el jardín de casa jugando con los Transformers, unos coches que, si movías las piezas, pasaban a ser robots.

El mix de todo dio lugar a una idea que voy a intentar poner por escrito. Que me perdone el lector si no llego a expresarlo bien con las palabras.

Le invito a que cierre los ojos y se imagine una carretera. Puede tener curvas, cuestas empinadas o ir en línea recta. Puede ser nueva o por el contrario con algunas grietas y socavones en el asfalto. También pueden cruzarle puentes o túneles en su paso, estar en paisajes verdes, desérticos o marítimos a los lados. ¿Lo tiene?

Vamos a ello entonces. Estoy segura de que, si recopilase todas sus ideas, ninguna carretera sería igual. A simple vista, quizá alguna podría parecerse un poco o tendría alguna parte del trayecto similar, pero si nos detuviésemos a observar bien la imagen, cada carretera tendría su marca personal. Pues bien, esta imagen que acaba de crear en su cabeza podría ser el camino de su vida. ¿Verdad que no conoce a ninguna persona que haya pasado por todos los mismos acontecimientos que usted? Así, cada carretera, cada vida es única.

Las carreteras se construyen para ser utilizadas. Es el momento de elegir el coche que quiere que pase por ellas. Puede volver a cerrar los ojos y diseñarlo en su cabeza. Piense en la carrocería (número de puertas, color de la chapa…), las ventanas (opacas, transparentes, una en el techo…), las ruedas (tipo de neumático, llanta, con cadenas…), el motor (eléctrico, diésel, gasolina, híbrido…) y el GPS que desea instalar. ¿Listo?

Cada uno de los cinco elementos que ha diseñado corresponde a una dimensión del ser humano. La carrocería hace referencia a la parte física de la persona, las ventanas son el aspecto social, el motor la dimensión intelectual, el GPS es la faceta espiritual y, por último, pero no menos importante, las ruedas corresponden a la parte afectiva o emotiva de la persona.

El ser humano es un ser dinámico, está hecho para irse enriqueciendo y perfeccionando con las experiencias que le da la vida. Los coches han sido creados para que circulen, pues si un coche se deja estacionado y no se pone en movimiento durante mucho tiempo, este se estropea.

Cada una de las piezas que lo forman tienen que cumplir su función. La unión de estas hace que pueda observarse la belleza del vehículo y que éste funcione. De forma análoga, se necesita de la integridad de las cinco dimensiones para que la persona pueda desarrollarse de forma óptima.

Me gustaría, de forma breve, detenerme en cada una de las partes del coche y compararlo con su respectiva dimensión dentro de la educación, salvando, en todo momento, las distancias entre un ser humano y un objeto como es el coche.

Empecemos por la carrocería, la parte física. Lo que se ve y muchas veces lo que origina la primera impresión que los demás se hacen sobre la realidad observada. Aquí, en lo que a educación se refiere, hablaríamos de fomentar una alimentación sana, el deporte y los modales o el saber estar.

En cuanto al motor -dimensión intelectual-, desde la educación debemos tener el deseo de formar personas con criterio, por tanto, sería importante velar por aspectos como el aprendizaje de idiomas, el fomento de la lectura – “lee y conducirás, no leas y serás conducido”-, la adquisición de cultura general o la enseñanza de un uso responsable de la tecnología.

Respecto a las ventanas -aspecto social-, siendo el hombre un ser sociable por naturaleza y necesitando de los demás para completar la vocación natural al amor, a la que todos hemos sido llamados, cabe destacar la importancia de desarrollar habilidades tales como la empatía o la asertividad, así como el fomento de la escucha activa.

Se sabe que el fin del vehículo es trasladarnos de un inicio a una meta atravesando un camino y siguiendo las coordenadas que nos proporciona el GPS -faceta espiritual-. De igual modo, la enseñanza debe formar para que la búsqueda de nuestra conciencia y esencia esté bien orientada. En este caso serán las preguntas existenciales de la persona las que marcarán el rumbo de nuestro existir.

Finalmente, las ruedas -parte afectiva-, sostienen a las demás dimensiones. Cuando hay un pinchazo se puede poner un parche, pero sabemos que poco a poco ésta terminará deshinchándose, es por ello por lo que es necesario trabajar tanto la inteligencia emocional como conseguir que familia y escuela vayan de la mano, pues de esta manera será posible atender a las necesidades que vayan surgiendo en el niño.

Con estas líneas espero haber podido transmitir de una forma más visual la importancia de incluir todas las dimensiones de la persona en los principios educativos de los colegios, así como animar a las familias a apostar por darle la misma importancia a las cinco dimensiones.

María Sureda de Lucio
Directora Pedagógica
Colegio Crystal de Talatona

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