Leer para ser libre

Imagino a los hombres cuando eran nómadas, en la noche, alrededor de una hoguera escuchando las historias de caza de la boca de un anciano.
Los miembros de la tribu seguían con atención el relato, algunos de los más pequeños se resguardaban bajo las pieles y buscaban cobijo en el regazo de su madre en el momento que el anciano recordaba cómo el oso le hería en el brazo.
Las historias son parte esencial del ser humano, son la transmisión de la cultura, del conocimiento.
Mucho tiempo ha pasado desde esas tribus nómadas, pero el placer por escuchar y sentir una buena historia es algo intrínseco a la naturaleza humana y esto se debe a cómo funciona el cerebro, si lo pensamos, lo sentimos.

La lectura es un proceso mucho más sofisticado y artificial, podríamos decir que el cerebro no está inicialmente diseñado para la lectura, como sí para desplazarse o comunicarse y sin embargo, gracias a la plasticidad cerebral podemos leer y hacer que esta sea una habilidad cognitiva que nos distingue significativamente de las demás especies.
Además, leer es uno de los más avanzados procesos a nivel cognitivo, desde el desencriptado de los morfemas, hasta transformarlos en palabras con significado que puedan ser agrupados en un contexto y que pueda ser comprendido. Un estudio (Sto-Añari, 2013) ha analizado el nivel de lectura como medida de reserva cognitiva y como predictor fiable del rendimiento en pruebas de valoración de distintos dominios cognitivos.

Realmente, el poder transmitir información a través del papel, es un hecho realmente abstracto, ya que sacamos una idea de nuestra mente y la plasmamos en el escrito, para que pueda ser leído por otra persona e interpretado. Es un hecho fascinante.
Y ese hecho insólito, que es la lectura, ha transformado la sociedad
. No podemos concebir nuestro mundo sin texto, sería imposible desplazarse por las vías de comunicación, ni realizar las compras en un supermercado o planificar un viaje. Necesitamos la lectura. Pero más allá de esto, hoy quería hablar de la importancia de otro nivel más profundo en el proceso, llegar a amar la lectura.
En palabras de san Agustín, no podemos amar aquello que no conocemos. Para llegar a ser un buen lector, cómo tantas cosas en la vida, se necesita aprendizaje, primero decodificarlo, luego conseguir una lectura fluida, después aumentando la velocidad y adquiriendo una correcta prosodia para llegar a la mejor comprensión. Para llegar al éxito en este camino, se debe de conseguir la participación del entorno, la familia, los amigos y la escuela. Es necesario que haya planes lectores y que se conozcan; tener una serie de lecturas de referencia dependiendo del estadio madurativo del lector, momentos para la lectura, contextos de lectura y por supuesto, hablar de ella.

Necesitamos leer, porque leer, no solo nos permite viajar hasta mundos fantásticos o conocer los pensamientos de los más grandes filósofos, sino que nos hace mejores humanos, en conocimientos, experiencias y con un cerebro más sano.

Para ello os animo a tomar un libro y disfrutar, cómo cuando vemos nuestra serie favorita, pero sabiendo que nosotros seremos los directores de la escena, que recrearemos los personajes y los escenarios, que podremos llegar a oler y a escuchar con el puro acto de la imaginación.

Lee para soñar, lee para aprender, lee para pensar, lee para viajar, lee para ser libre, lee para vivir, lee para rezar y ama leer. #DiadelLibro

1Sto-Añari, M. y otros Nivel de lectura como medidas de reserva cognitiva en adultos mayores 25/01/2013. “recuperado de” neuorlogía.com (21 de abril de 2020).

Juan Antonio Sánchez Mata
Orientador
Colegio Alborada

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