ALUMNOS DE ALBORADA VALIOSO PATRIMONIO PARA ALCALÁ DE HENARES Y SU ENTORNO

 

Constelación Tb. constelación, p. us. Del lat. constellatio, -ōnis

  1. f. Conjunto de estrellas que, mediante trazos imaginarios, forman un dibujo que evoca una figura determinada.
  2. f. Conjunto, reunión armoniosa.
  3. f. desus. Clima o temple.

Diccionario de la Real Academia de la lengua española

Observar el firmamento es mucho más que una bonita escena de película, al contemplarlo descubrimos que, desde el cielo los astros sirven de guía a los caminantes, son brújula natural que ayuda a orientarse en la oscuridad.

Es mucho lo que aportamos a Alcalá de Henares todos los que formamos parte de Alborada: familias, alumnos, profesores y alumni. Es también mucho lo que la ciudad de las tres culturas aporta a nuestra comunidad educativa. Los alumnos de Alborada son una constelación que da luz a Alcalá, a Madrid, a España, a Europa ¡al mundo entero! Mujeres y hombres que donde están irradian educación, interés, ciencia, preocupación por el medioambiente y servicio a la humanidad. Se caracterizan por su alegría contagiosa, su capacidad de superación y de hacer frente a la adversidad allá donde estén: Japón, Reino Unido, cualquier latitud.

Si el Príncipe de los ingenios viviera hoy, sus obras contarían entre sus personajes con quienes han pasado por las aulas de Alborada: jóvenes con sentido común, amantes de la cultura y las artes, luchadores de la vida dispuestos a enfrentarse a todo por aquello en lo que creen.

Para la ciudad complutense, Alborada no solo es un foco de educación y cultura, un centro que da trabajo a numerosas personas y devuelve a la sociedad lo que podríamos llamar “jóvenes 360 grados” formados en todas sus dimensiones, sino que también es un gran espacio de convivencia donde la comprensión y el servicio al otro hacen entender que el mundo no gira entorno a uno mismo.

Los chicos y chicas de la constelación Alborada son quijotes y sanchos de su tiempo, un destello de energía y juventud que ilumina la tierra con otras constelaciones de los colegios de la Red Arenales y de tantas otras instituciones educativas que preparan a niños y jóvenes como auténtico patrimonio inmaterial de la humanidad.

Los alumnos del colegio Alborada, también los procedentes de China y aquellos nacidos en distintos países del mundo y que residen en el corredor del Henares temporal o indefinidamente, son valioso patrimonio presente y futuro para Alcalá de Henares y su entorno. Alicia Zaparaín

 Dibujo: Manuel Lázaro 

MENTORING

Solidaridad

Diversidad de personas

 

Cuando fui a África

 

Hace algunos años, mientras estaba en el colegio me llegó un aviso. Decía que había alguien que quería verme. En cuanto tuve un hueco bajé a secretaría y allí encontré a un conocido al que ahora tengo la suerte de poder llamar amigo. Me traía una propuesta, una propuesta bien sencilla: ¿quieres dedicar este verano a los demás? Tendrás que pagarte un billete, el alojamiento de estas semanas y, a ser posible, aprende algo de francés.

El tipo se llamaba Enrique y la idea era pasar un mes de verano en el Congo, en el hospital materno-infantil Monkole. ¿Haciendo qué?, me diréis. Pues lo que fuese para poder ayudar. Porque si hay algo que aprendes en un sitio como Monkole es que toda ayuda es poca y cualquier gesto aporta algo.

Sin embargo, esto no es un texto para contar mis historias. Lo que quiero es hablar de cómo todo lo que se hace en Monkole, la forma de afrontar la vida de la gente que allí conocí, el contraste entre su estilo de vida y el nuestro, su generosidad y alegría de vivir son aprendizajes que no solo nos llevamos los que tuvimos la suerte de vivir esa experiencia, sino que es algo que también se comparte con los alumnos del colegio.

Como bien sabemos, Alborada es un colegio en el que se busca facilitar la formación integral de la persona. No se busca solo enseñar unos contenidos, sino que el aprendizaje busca ser también aprendizaje para la vida. Y entre otras cosas se busca dar al alumnado una visión de los problemas del mundo actual y se les anima a aportar soluciones concretas a tales problemas, dentro, siempre, de sus posibilidades.

Así, durante este tiempo de Navidad, y por medio del sistema de casas del colegio, los alumnos aprenden a salir un poco de sí mismos para ayudar dentro de sus posibilidades (muchas o pocas), a niños que, siendo como ellos, ahora mismo pasan necesidad, pues, donde a otros les falta, puede que a nosotros nos sobre. Por ello durante estas semanas procuraremos hablarles más de cómo el colegio ayuda cada año a la labor en Monkole y les animaremos a aportar su granito de arena.

En Alborada creemos que esta es una parte fundamental de nuestra propuesta educativa. Queremos que la formación en valores de nuestro colegio tenga frutos concretos que permitan a cada alumno y alumna del centro preocuparse por los problemas de la sociedad actual y ponerse en el lugar.

Por todo esto, si durante estos días veis que vuestros hijos e hijas tienen un gesto espontáneo de generosidad (querer aportar su tiempo para alguna actividad, presentarse voluntario o echar mano de su hucha para comprar un calendario), os animo a que los impulséis a seguir por ese camino y tal vez a sentaros un momento para que os puedan explicar el qué y por qué de estas acciones. Y es que si hay algo que me enseñó mi viaje es que siempre podemos aprender de los demás a ser mejores cada día.

Pablo Rincón García
Tutor 4º ESO D

Departamento de Lengua

Colegio Alborada

 

MENTORING

Solidaridad Diversidad de personas Cultura del cuidado                 

Felicidad

“No busquéis ser padres con apellido, centraros en ser PADRES” es, quizá, la frase que más me marcó de la homilía de nuestra boda. Hace unos meses me estrenaba como madre. María ha llegado a nuestra familia en el primer año de matrimonio, siendo una niña muy deseada y querida.

Con María, ha llegado también el momento de vivir en primera persona todos los consejos que he dado a las familias que he tenido el privilegio de acompañar durante estos años.

Muchos son los instantes que guardaré en mi memoria. Si tuviera que quedarme con un momento del día de estos últimos meses, creo que te diría “cuando tengo a María en brazos mientras le doy de comer”. Es nuestro momento de complicidad, es el momento de mirarnos cara a cara y tener conversaciones silenciosas desde lo más profundo del alma, en las que constantemente me sale desearle que sea feliz, muy feliz.

Como padres, ¿cómo podemos ayudarle en este camino?
“A veces, cuando se trata del futuro de los hijos, nos centramos fundamentalmente en las notas que deben sacar y en la carrera que deben estudiar. Es decir, podemos pensar en lo que harán, en vez de en lo que serán. Se reflexiona poco sobre los valores, sobre las posibilidades con las que podemos dotarles de autodominio, fuerza de voluntad y confianza en sí mismos.”

Después de leer y reflexionar sobre cómo puedo ayudar a mi hija a que sea feliz, he sacado dos propósitos que intentaré llevar a cabo a lo largo de los próximos años, el primero, quererla mucho y hacérselo saber cada día y el segundo, trabajar con ella la voluntad y la empatía.

Enrique Rojas afirma que “la voluntad es la joya de la corona de la conducta. El que la tiene puede conseguir que sus sueños se hagan realidad si sabe ser constante. Cuando esta ha sido trabajada a fondo, trae consigo otra serie de manifestaciones: buena tolerancia a las frustraciones, fuerza suficiente para crecerse ante las adversidades, ser buen perdedor, saber lo importante que es volver a empezar, optimismo que no se dobla ante los problemas y, por supuesto, una alegría de fondo que penetra en toda la persona.”

Por otra parte, distintos autores que he tenido la oportunidad de leer durante estos días afirman que “tu hijo será más feliz en la medida en que aprenda a hacer la vida amable a los demás: escuchándolos con empatía, sonriendo, aunque tenga problemas, tomando una actitud solidaria con ellos.” O como dice Marian Rojas, “gran parte de la calidad de nuestra vida depende de cómo nos relacionamos, de cómo somos capaces de querer y de recibir el afecto de otros”.

Voluntad y empatía, y de aquí todo lo demás, con calma, porque como leí: “podemos pensar que son muchos los valores que interesa educar. Es cierto, pero hay un principio de armonía entre todos: cuando mejora alguno, se perfeccionan al mismo tiempo los demás.”

A los dos propósitos que he comentado, añado el más importante para nosotros, saber transmitirle la fe y darle a conocer a Dios. Ese Dios que le va a querer incondicionalmente, que se alegrará con ella de cada progreso y que le ayudará a levantarse después de cada tropiezo. Ese Dios al que nosotros, como padres, le rezamos para que, María pueda sentirle, tratarle y quererle todos los días. Ese Dios que nos ha regalado la oportunidad de tener a María en nuestra familia, de educarle y de ayudarle a que lleve su vocación a cabo que, sin ninguna duda, será lo que realmente le haga feliz.

María Sureda de Lucio
Profesora de Educación Primaria
Colegio Alborada

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Rojas, E (2020). Todo lo que tienes que saber sobre la vida, Espasa
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